La adoración de dioses y santos ha estado presente en la humanidad desde tiempos antiguos. Si miramos atrás, una gran mayoría de personas conservaba esculturas de santos populares y vírgenes en sus hogares para su veneración. Pero esta función de la imaginería religiosa puede verse hoy en día alterada, principalmente, por el paso del tiempo, el relevo generacional o las modas, y su uso ha sido a menudo olvidado o reemplazado por una función meramente decorativa.
La erosión de los años ha despojado a estas figuras de todo lo superfluo, convirtiéndolas en esculturas toscas. Los ropajes se han podrido y han sido desechados, o han sido mutilados, o han quedado sin policromía. Pero lo más importante: han perdido su función original, la idolatría. Es entonces cuando se convierten en rostros incomprendidos y enigmáticos, viejos ídolos caídos, anónimos y desconocidos.
Toda la colección de fotografías de esta serie está impresa con una técnica del siglo XIX llamada vandyke brown y virada al oro. Y el tipo de soporte elegido: antiguos documentos manuscritos del siglo XIX, donde los rostros de las imágenes aparecen superpuestos con los textos. Textos que, al no tener relación directa con las imágenes, también han perdido su función original y se convierten en discursos vacíos de significado, donde cada obra funciona como una antigua reliquia.